Antes de entrar en materia deben precisarse dos conceptos: el de sociolingüística y lo que entiendo por español de Venezuela.
En lo que a sociolingüística se refiere, me atengo a la observación de Labov: I have resisted the term sociolingüistics for many years, since it implies that there can be a successful linguistic theory or practice which is not social (Labov, 1972). Para mí hacer lingüística es hacer sociolingüística. Independientemente de que para un trabajo de investigación se tomen o no en cuenta las llamadas "variables sociolingüísticas", el lenguaje es social. En términos más didácticos definiría la sociolingüística como la disciplina que se preocupa esencialmente de explicar la variabilidad lingüística y su interrelación con los factores sociales, así como el papel que esta variabilidad desempeña en los procesos de cambio lingüístico, entendiendo que por otra parte, la heterogeneidad de la lengua es funcional y que el dominio de esa heterogeneidad forma parte de la competencia lingüística de los hablantes (cf. Weinreich, Labov y Herzog, 1968).
En cuanto a lo segundo, creo que la variación entre los dialectos del español, aunque parece conferir visos de identidad a las diferentes regiones, no obstaculiza la comprensión entre las mismas, sobre todo en la medida en que se utilizan códigos más amplios y elaborados o la lengua escrita. La estructura fundamental de la lengua española parece ser la misma a ambos lados del océano, difiriendo sólo en algunos elementos secundarios o estructuras menores.
El español de Venezuela será entonces una de las variedades de un sistema lingüístico, el español, con una serie de dialectos, algunos de los cuales se ubican geográficamente en España y otros en América, sin que esto implique una base para la clasificación de los mismos que exceda lo geográfico, pues existen, por ejemplo, afinidades entre algunos dialectos de la península, como son el andaluz y el canario, con el español de la región del Caribe.
En Venezuela, el castellano o español es la lengua oficial, utilizada para las funciones de gobierno; es además símbolo de identidad nacional, pues en ella están escritos tanto su literatura como sus documentos históricos. De las lenguas indígenas sobrevivientes, solamente una, el wayuú o guajiro, llega al estatus de lengua minoritaria, es decir, tiene más de 100.000 hablantes (o el 5% de la población). El wayuú es hablado por 150.000 personas -en el país-, por lo que no llega al 5% de la población.
Entre nosotros, la sociolingüística ha suscitado desde hace algunos años mucho interés. En lo que sigue me referiré a dos aspectos de esta labor: a los corpus de materiales hablados de Caracas, Maracaibo y Mérida, y luego a los estudios realizados a partir de los mismos.
Se trata de cuatro corpus de habla recogidos con criterios bastante similares. Los dos de Caracas, pertenecen al proyecto titulado Estudio Sociolingüístico de Caracas, de Paola Bentivoglio y Mercedes Sedano. El primero data de 1977 y el segundo, de 1988, y permiten hacer estudios diacrónicos, dado el tiempo transcurrido entre uno y otro. Los ochenta y dos hablantes del primero, y los ciento sesenta del segundo, debían haber nacido y vivido la mayor parte de su vida en Caracas y tener padres caraqueños. Esto se corresponde con el requisito impuesto a los ochenta y dos integrantes del Corpus Sociolingüístico de Mérida (de Elsa Mora y Carmen Luisa Domínguez) y al igual número de los de Maracaibo (de Bertha Chela y Jeanette Gelman). Se buscó además que fueran buenos conversadores y que no tuvieran problemas físicos que pudieran afectar la pronunciación.
Los hablantes seleccionados fueron agrupados según los factores que se indican
a continuación:
I) Edad. Igual proporción de hablantes en cada uno de los siguientes grupos
generacionales: A (14-29); B (30-45); C (46 a 60) y D ( de 61 años en adelante).
II) Sexo: Igual cantidad de hombres y mujeres.
III) Nivel socioeconómico. Los hablantes están distribuidos en los niveles alto,
medio alto, medio, medio bajo y bajo. Esta distribución se hizo según un método
elaborado por Max Contasti, que abarca las siguientes variables: ocupación del
hablante y de sus padres, grado de instrucción, condiciones de alojamiento, e ingreso
familiar, calculado como ingreso total e ingreso promedio. A cada hablante se le da una
puntuación en cada una de las siete variables que componen el índice y luego se
multiplica el valor asignado.
El método de Contasti tiene varias ventajas, entre las cuales se encuentran: I) el reflejar la realidad socioeconómica venezolana; II) el estar especialmente adaptado para investigaciones de tipo variacionista; III) y el que con pequeños ajustes en lo relativo a los niveles de ingreso, puede aplicarse en diferentes épocas y en diferentes ciudades de Venezuela, lo que permite la comparación entre los resultados de las investigaciones (cf. Bentivoglio y Sedano, 1993).
Los informantes fueron entrevistados por encuestadores también hablantes nativos , que no se conocían. Esto se hizo para evitar las conversaciones en las que la familiaridad de los interlocutores impidiera luego la recuperación de la referencia de los temas tratados. Los entrevistadores no debían interrupir al entrevistado, lo que a veces no pudieron evitar y, con frecuencia, expresaron su participación con algún marcador discursivo (como mjm o ajá). A los entrevistados se les dijo que las grabaciones se interesaban por las tradiciones, costumbres y valores de la ciudad, por lo que las entrevistas giran alrededor de estos temas (cf. Domínguez, 1995). Estos requerimientos permiten clasificar los materiales como "entrevistas semiformales" (cf. Silva Corvalán, 1989).
Las grabaciones están transcritas de manera ortográfica, en prosa. Se trata de ofrecer el acceso de los investigadores al discurso de los hablantes que les permita localizar más rápidamente los fenómenos de su interés. Se trata, como dice Domínguez, de transcripciones 'genéricas', que cada investigador adaptará a sus intenciones de trabajo. Debo decir que, a pesar de mis discrepancias personales con la aplicación del modelo de la prosa a la lengua hablada, una transcripción de este tipo es una ayuda enorme para el inicio de la investigación. Además, como dice Domínguez, "la fidelidad de la transcripción del habla es un mito. Un mito que regresa cada tanto para hacernos creer que hay una técnica que podrá recoger la riqueza de la oralidad. No la hay" (Domínguez, 1995:12). Pienso que la labor del investigador de estos materiales comienza con la transcripción. Esto es válido, más aún para las investigaciones sobre los segmentos o suprasegmentos fónicos y para los trabajos discursivos.
Me referiré seguidamente a una serie de estudios realizados tanto sobre los corpus anteriormente citados, añadiendo a éstos el corpus del habla culta de Caracas, así como a otros, realizados sobre otros materiales, entre ellos el léxico recogido en fichas en el Instituto de Filología "Andrés Bello" de la UCV. Agruparé los trabajos sobre temas como el contacto lingüístico, aquéllos referidos a los factores sociales y los que tratan sobre factores situacionales.
Un problema que ha interesado desde siempre en las consideraciones sobre el español de estas tierras es el del contacto lingüístico. Si bien quizás no podemos decir que en América Latina el español ha tenido más encuentros con otras lenguas que en Europa, estos pudieran haberse dado con mayor intensidad. En América el español ha estado y sigue estando en contacto con lenguas indígenas a lo largo de todo el continente, desde el quechua y el guaraní en el sur, pasando por el wayuú, hasta llegar al maya y el náhuatl, en el norte. Asimismo, tuvo contactos con las lenguas africanas de los esclavos de la vasta trata realizada en toda la época colonial. Aunque se ha hablado de la deculturación a que se sometía a los esclavos para docilizarlos y uniformarlos para su buen comportamiento, no cabe duda de que por su actividad se generaron lenguas de contacto con características tipológicas muy especiales, tal es el caso de lenguas criollas como el Palenquero, el Papiamento y el Habla Bozal. Está en discusión el hecho de que pueda haber una influencia de estas lenguas en el español del Caribe, como el español venezolano, entre otros.
Más tarde, el español de nuestras ciudades se vio relacionado con otras lenguas europeas, el italiano y el francés sobre todo, y también en alguna medida con el alemán. Es aún mayor actualmente la interrelación que se da con el inglés, no solamente en todo el continente y por razones comerciales, sino principalmente en los Estados Unidos, donde se eleva a un 14% la población hispanohablante del país.
Es en el léxico donde más fácilmente se palpan los contactos culturales que ha experimentado la lengua en nuestro país. El léxico ha sido además un nivel lingüístico muy estudiado. Recientemente se han publicado dos importantes diccionarios dialectales (cf. Tejera, 1993; Núñez y Pérez, 1994) que registran numerosos indigenismos. Además de los de uso general como tomate, chocolate, se utilizan voces como mapire, manare, hayaca, guanábana, arepa, para designar realidades heredadas de las culturas autóctonas. También hay una herencia africana que se manifiesta en lo cotidiano, en palabras como bemba, luango, banana, cambur, jujú (Megenney, 1976; Alvarez, 1987).
La influencia de posteriores inmigraciones se observa en los préstamos del italiano -pizza, espaguetti-; en los del francés -puré, bibeló- o en los del alemán -kindergarten, pan de brot-. Como consecuencia de nuestra estrecha relación comercial con los Estados Unidos, han entrado también numerosas palabras, tanto de empleo cotidiano, como de los deportes o de la tecnología, como ponqué, clip, rin, yí, bisté, ful, estrai, jit, suiche, computadora, tipear, printear, y otras muchas.
Los factores socialesEl lenguaje, se ha dicho, es el identificador por excelencia. La manera de hablar de alguien puede indicar al interlocutor la procedencia o el sexo de un hablante - la pertenencia a una comunidad lingüística determinada, pero también su ubicación en ese grupo humano, tanto desde el punto de vista social, como generacional. En los diferentes niveles del lenguaje -fonético/fonológico sintáctico/morfológico, léxico/semántico y quizás hasta discursivo- se encuentran elementos que pueden ayudarnos a ubicar a una persona dentro de su grupo social. La variación ocupa un porcentaje muy pequeño en el lenguaje, ya que de otra forma la comprensión sería imposible. En este caso se habla de indicadores sociolingüísticos, es decir, variables que covarían con factores extralingüísticos como el socioeconómico, la edad, el sexo, los grupos étnicos, etc.
En cuanto a la variación que se da en los distintos grupos socioeconómicos, pueden observarse distintos indicadores, es decir, aquellas variables que muestran distribución regular entre los grupos sociales.
En este sentido, se ha hablado mucho de la realización de /s/ implosiva. Eso se debe, en parte, a que ha sido el fonema más estudiado en América y además el que alguna vez estableció la que se tuvo como diferencia fundamental entre la gama de dialectos peninsulares y de ultramar, lo cual no es del todo exacto. Pues bien, la realización de este fonema distingue los grupos socioeconómicos en Caracas. Así, una persona perteneciente al nivel alto pronunciará con igualdad de posibilidades [s] y [h] al final de sílaba; mientras que si pertenece al nivel bajo pronunciará [h] o [?]. En los Andes, prevalece la realización como [s], por lo que ésta no es distintiva desde el punto de vista social en esa región.
Mora encuentra ligeras diferencias sociales en lo referente a la melodía de la frase en la ciudad de Mérida, pues el grupo más favorecido modula más los enunciados que los menos favorecidos (cf. Mora, s,f).
Otros rasgos que se dan casi exclusivamente en la clase baja son el uso de estábanos en vez de estábamos y el uso de haiga cuando haber funciona como verbo auxiliar (aunque se oyen ambos usos esporádicamente en la clase media en los Andes). En cambio, la pluralización de haber (habían muchos, hubieron heridos) se encuentra, cada vez más, también en las clases media y alta. Obediente encontró la concordancia de haber con su complemento directo en el habla culta de Caracas, en todos los grupos generacionales e independientemente del sexo del hablante; aunque se pluraliza más en situaciones de comunicación espontáneas, encontrándose el uso más frecuentemente entre los más jóvenes, sobre todo entre los hombres (Obediente, 1984). El uso está documentado también en materiales recogidos posteriormente, los del Corpus Sociolingüístico de Caracas. Con el verbo hacer sucede lo mismo que con el verbo haber, es decir, que los hablantes lo interpretan como un verbo regular y no como un verbo impersonal (cf. Bentivoglio y Sedano, 1989).
En español general se expresa la posesión en forma analítica: el niño de Carmen, o bien en forma sintética: su niño. La forma analítica antepuesta el niño suyo se usa muy frecuentemente en la conversación y sobre todo en las clases media y baja. Este uso aporta un matiz de contraste que no presenta la forma antepuesta (De Stefano y Chumaceiro, 1993).
Más frecuentes a medida en que se baja en la escala social, son también las construcciones verbales paratácticas; me refiero a frases como vino y me dijo, llegó y se sentó, agarra y se va, va y se molesta. En estas construcciones formadas por dos o más verbos, el significado léxico del primero se ha borrado, y funciona como un conectivo de valor aspectual. Un factor muy importante para la variación es la edad de los participantes en la comunicación. La edad tiene relación con el tiempo, y es sabido que éste es una causa de cambio significativa, al punto que la lengua de un período determinado a veces tiene poco que ver con la misma lengua en otro período.
Un factor muy importante para la variación es la edad de los participantes en la comunicación. La edad tiene relacion con el tiempo, y es sabido que éste es una causa de cambio significativa, al punto que la lengua de un período determinado a veces tiene que ver con la misma lengua en otro período. Véanse, por ejemplo, el español del siglo XVI, o el francés medieval en relación con las modalidades actuales de estas lenguas. Cuando se estudia la lengua en sin cronía, es decir, en un lapso de tiempo determinado, se utilizan constructos teóricos, como el del tiempo aparente para establecer hipótesis acerca de lo que ocurre en realidad. De acuerdo con esto, al estudiar el habla de los jóvenes, o de los mayores, nos hacemos una idea de lo que sucederá o de lo que sucedió en el terreno lingüístico. En Venezuela, Chumaceiro (1990) estudia la variación de la apódosis del condicional, en ría y ra y descubre que los jóvenes tienden a decir si me ganara la lotería viajara a Alemania, en vez de la más tradicional forma en [-ría]: si me ganara la lotería viajar ía a Alemania. Asimismo, parece ser que para los jóvenes interviene un factor semántico -pragmático, que no existe en otras generaciones, como es el hecho de que la forma en [-ra] sugiere la posibilidad real de que suceda lo expresado en la prótasis, es decir, que me gane la lotería. En caso contrario, se usa la forma en [-ría] en oraciones como si Bolívar estuviera vivo castigaría a los corruptos, dado que la prótasis no tiene realización posible.
Hay elementos que varían según el sexo de los hablantes; las mujeres y los hombres se diferencian a veces hasta el punto de constituir grupos socioculturales diferentes. Mora encuentra que en Mérida son los hombres quienes hablan más rápidamente que las mujeres (cf. Mora). En Caracas hay dos marcadores cuyo uso es muy característico de esa comunidad y distingue a ambos grupos. El primero, muy usado por los hombres, es el de la partícula ahí. Me refiero al uso no locativo, no como adverbio sino como señalizador de información compartida, es decir, que representa una marca pu ramente pragmática. Un caso muy ilustrativo es el de una amiga que al preguntarle a su novio para dónde va, recibe como respuesta para una fiesta ahí. Es evidente que la i nformación no debía ser conocida por la mujer, o que simplemente él no la conside raba pertinente o adecuada para ella. Hay casos en que por el contrario, se presup one información compartida, como es el de un amigo que se queja de cierto tipo de establecimientos donde reparan automóviles, donde suben los precios a raíz de algunas mejoras externas: tú encuentras la secretaria ahí, y al entrar ya estás pagando. También se usa después del gerundio -pasamos toda la noche bailando ahí- con el sentido de que no hicimos más que bailar, como es costumbre. Otro marcador pragmático, éste más usado por mujeres que por hombres, es así en contextos adverbiales -yo no he llegado todavía a la liberación así, o bien, ella es así preciosa-. En el primer caso se trata de 'la liberación como los hablantes saben que es' y en el segundo,'ella es preciosa como sabemos que se puede ser'. Ambos marcadores pertenecen a la misma unidad de entonación del elemento que acompañan, lo cual no sucede con los adverbios. No está de ningún modo dicho que el uso de uno u otro esté excluido del otro grupo de género, sino simplemente que cada uno de ellos se da, con mayor frecuencia, en el grupo de las mujeres el uno, y en el de los hombres el otro.
Factores situacionalesOtras veces la realización de una variante depende no de lo que la persona es, sino del contexto en que se encuentra. Hay ejemplos muy sencillos acerca de los cambios que traen consigo las diferentes situaciones. Uno de los más singulares es el uso del pronombre vosotros de segunda persona plural, que no se oye en nuestro país más que en una sola ocasión, una vez al año: en la alocución del Presidente de la República el 5 de julio, día de nuestra independencia de España. Del resto, ese pronombre es para nosotros un indicador geográfico que refiere precisamente a la Madre Patria.
Llamo marcadores a las variables estilísticas, es decir, aquéllas que son sensibles al contexto situacional. Cuando se habla de variantes situacionales o contextuales se piensa en factores como el tenor, el modo y la modalidad retórica.
Uno de los rasgos oidos más comúnmente y cuya presencia varía según el estilo, es nuevamente el cero fonético o la aspiración para la realización del fonema /s/. El fono [s], como ya dijimos anteriormente, es la realización que corresponde al patrón de corrección y de prestigio, por lo que se oye más frecuentemente en situaciones formales, que en situaciones más sueltas, en las conversaciones familiares y entre los amigos. En los medios de comunicación se comete hipercorrección en cuanto a la realización de este fonema, debido a que se supera los porcentajes que obtiene, en otras situaciones, el fono [s] con respecto a la aspiración y elisión.
Otro fenómeno, citado por Obediente(1992), es el de la esdrujulización - el desplazamiento hacia la izquierda del acento de la palabra -. Debido a la postiza formalidad que se observa todavía en nuestros medios de comunicación -y digo postiza porque el venezolano tiene formas aceptadas socialmente para ser formal, que no son las que utiliza el personal que realiza estas tareas - se ha creado una especie de dialecto artificial, en el cual úniversidad, démocracia y sénsacional son palabras esdrújulas. Hará falta algún tiempo para detectar las consecuencias de estas costumbres en otras esferas del idioma.
Otro rasgo que corresponde a los estilos más informales es el uso del ser focalizador (Sedano, 1990) para sustituir a las hendidas: él cumplía años era en febrero; yo quería era fresas.
Lo mismo ocurre con la ausencia de los verbos ser y estar, que se oye a menudo en segmentos evaluativos de la narración, cuando se necesita hacer énfasis en algún detalle: Hace media hora que empezaron los disturbios y tú aquí, trabajando.
Se ha tratado de dar la idea de algunos usos del español de Venezuela ubicándolos en su función social. Me he referido hasta ahora a estudios aislados de lingüistas venezolanos sobre los materiales recogidos en tanto que corpus sociolingüísticos, pero también sobre los materiales del habla culta de Caracas, según el proyecto Pilei(1966). Existe el proyecto de Paola Bentivogio sobre la Gramática Referencial del Español Hablado en Venezuela, o proyecto GREHV. Este proyecto, para el cual se han recogido los corpus antes nombrados, utiliza las variables sociolingüísticas en el estilo laboviano. Sin embargo, en tanto que sociolingüista, más que variacionista, desearía ver también aparecer otro tipo de estudios, de corte más antropológico, si se quiere holístico.
En lo que sigue me referiré al estudio de las comunidades lingüísticas por una parte, y por la otra, a lo que llamo el estudio de los patrones.
Comunidades lingüísticasPues bien, ¿cómo podrían hacerse estudios de este tipo? En primer lugar, delimitando algunas de estas comunidades. Una comunidad lingüística está formada por un grupo de personas que comparten ciertas reglas para la interpretación de, al menos, una variedad. Lo esencial es, entonces, el compartir las normas de uso de, por lo menos, un código, aunque puede haber más de uno en la misma comunidad.
Los hablantes generalmente no tienen conciencia del uso de las variables sociolingüísticas. En el caso de algunas variables sujetas a las distintas comunidades, sin embargo, sí parecen tenerla. De ahí los estereotipos, de uso conciente, como es el caso de la neutralización de los fonemas /r/ ~ /l/, identificado en Caracas como de clase baja, mientras que en el oriente del país es simplemente un caracterizador dialectal (cf. Obediente, 1991,1992).
Otro elemento que en Venezuela delimita comunidades lingüísticas es el uso de los pronombres personales. En Caracas, se usa usted para el respeto, el poder, y tú para la intimidad y la solidaridad. Es decir, que se trata de usted a los desconocidos , a los mayores y, en general, a la gente de más jerarquía. En cambio se trata de tú a los amigos, a los familiares y a los iguales. El trato de usted es a veces de muy poca duración, porque parece que las relaciones se estrechan rápidamente. Es común el que una secretaria trate de usted a alguien que llame por teléfono preguntando por el jefe, pero que, al conocer del problema del interlocutor, le responda: mira, mi amor, mejor llámalo mañana. Esto no indica ni intimidad ni irrespeto, sino simplemente, solidaridad y cooperación con el que llama.
En las zonas voseantes, como Maracaibo y Trujillo, se conocen en cambio tres pronombres personales: usted y tú siguen aproximadamente el esquema caraqueño, pero se añade el uso de un tercero, vos, para la intimidad. La conjugación de los verbos difiere en las dos regiones, en Maracaibo se dirá vos tomáis, vos comisteis, vos viviréis, mientras que al voseo andino corresponde la terminación sin diptongo: vos tomás, comites, vivirés. Sin embargo, en ambas regiones se da, podría decirse, una mayor finura en la distinción del trato. Tú indica solidaridad, pero no intimidad. A los amigos íntimos y a la familia se les trata de vos (cf. Páez Urdaneta, 1980). Curioso es el uso que se da en otra comunidad andina, la de la ciudad de Mérida, donde la distinción de los pronombres es muy parecida a la zuliana, sólo que, en vez de vos para la intimidad se da nuevamente el pronombre usted. Así, este pronombre es lo que podría denominarse un rasgo de identidad, en tanto que hace uso de algunos rasgos lingüísticos para definir la pertenencia a un grupo (cf. Lepage y Tabouret Keller, 1985). Diferencia claramente al merideño de las muchas personas de otra región que se encuentran en la ciudad, ya sea estudiando, o realizando labores relacionadas con el turismo y el comercio. Singular también es el hecho de que los merideños usen para acercarse al extraño el tú, que puede resultar molesto para otros regionales, ya que se siente poco apropiado en casos de gente mayor o mujeres.
Otro rasgo de identidad que delimita la comunidad lingüística caraqueña es la aspiración de /s/. En Caracas, como vimos, /s/ se pronuncia como predorsoalveolar, como aspirada o como cero fonético. Si bien [s] se considera la pronunciación de prestigio, un cierto porcentaje de variación - como se verá más adelante - es característica de los hablantes de la ciudad, para quienes resulta extranjerizante o afectado el uso de un porcentaje "demasiado" alto del varífono [s].
El estudio de los patronesHymes, en una obra seminal sobre los fundamentos de la sociolingüística, afirma que la conducta comunicativa de la comunidad abarca patrones determinados de actividad de habla, de modo que la competencia comunicacional de las personas comprende también el conocimiento que ellos tienen de esos patrones (Hymes, 1974).
Por ello es importante el estudio de la existencia o no de rasgos en un determinado dialecto, su presencia en tanto que tokens o realizaciones de las expectativas de aparición que hay en los hablantes del cumplimiento de ciertas estadísticas. Habría que analizar los tipos de habla de una comunidad, entendiendo estos tipos justamente como los patrones que subyacen a las formas lingüísticas, como las tendencias en el uso de ciertas maneras de hablar.
Más que la presencia o no de un elemento en el lenguaje, lo que parece caracterizar en forma global el habla de un grupo de personas es la preferencia por una u otra modalidad o conducta lingüística. Labov habla de patrones sociolingüístico s en el famoso libro que lleva este nombre (Labov, 1972). Esos patrones o modelos sociolingüísticos tienen que ver con la relación entre lengua y sociedad, manifestada a través de la proporción de aparición de algunos rasgos lingüísticos. En algunas variedades del Caribe, por ejemplo, se da una serie de características como el debilitamiento de /s/, /d/ y /r/ implosivas. La aparición de este debilitamiento está relacionada con la variable socioeconómica.
Cuando se propusieron en sociolingüística las reglas variables, se sugería que el oyente percibía el porcentaje de realización de esos rasgos, es decir, lo que hemos llamado tipos. Lo que en realidad se percibe es la característica general; el oído del hablante se sorprende probablemente por el modelo, por la tendencia que subyace a esos elementos.
Sapir entendía el cambio lingüístico no como la suma de lo que la gente dice, sino precisamente como el resultado de la acción de una tendencia o drift, que dominar ía como una entidad lingüística ideal los hábitos lingüísticos de los miembros de ca da grupo, como un gusto que dirigiría tácitamente el uso de la lengua. Solamente las v ariantes que se conformen a la dirección de esta tendencia contribuirán al cambio lingüístico (cf. Sapir, 1921).Es útil retomar esta idea para concebir la variación en su conjunto, en su globalidad, y entender por qué la carga informativa está no solamente en lo que se ha llamado el contenido, o el referente, sino también en la manera, en la forma preferida por los hablantes. Quizás cabe nuestra concepción de las tendencias lingüísticas de alguna manera también en la definición de estilo como el conjunto de ragos formales que caracteriza el modo de expresarse de una persona, el modo de escribir de un autor o el que corresponde a un grupo de obras. Lo que parece constituir una forma de hablar es entonces la propensión del conjunto de rasgos formales que la constituye, menos que su realizaciones. Esta idea subyace a los modelos implicacionales, cuando se afirma que la concurrencia de algunos rasgos lingüísticos presupone la de otros, sugiriendo la concatenación de algunos rasgos en los diferentes dialectos (Marchese y Forradellas, 1991).
Un estudio interesante a realizar sería, por ejemplo, el análisis del grado de aislamiento en el habla de los distintos grupos sociales en el país. Me refiero con esto al mayor o menor carácter analítico de la lengua, que debería tomar en cuenta la relación entre el número de morfemas de la variedad y su número de palabras. Cuanto más baja es la relación, más aislante es la lengua. Se sabe, por ejemplo, que el grado de aislamiento del inglés es de 1,68, mientras que el del sánscrito es de 2,59 y el del esquimal, de 3,72. Se sabe además que esta tendencia es variable según las clases de palabras: Según Dubois et al. (1973), una lengua puede ser aislante para los verbos, pero no para los nombres. El grado de aislamiento podría estar posiblemente en relación con la extensión de la escritura entre sus hablantes y las situaciones de contacto a las que han estado expuestos (las lenguas criollas se definen como lenguas aislantes).
Otro estudio, que se está llevando a cabo como parte del Estudio del Hombre Andino (Clarac et al., en elaboración) es el de la prevalencia de ciertas funciones en algunos modos de habla, como es el caso de la extensión de la función poética en el habla del páramo merideño (Alvarez, en prensa).
En todo caso, deberíamos esforzarnos, los sociolingüistas, en realizar estudios coordinados, pero también, holísticos. En este último sentido desearía estudios por una parte émicos, es decir, que busquen el sistema subyacente, y por la otra, en alguna medida sapireanos, si se me permite el neologismo, para tratar de averiguar, métodos sociolingüísticos de por medio, pero también con toda nuestra intuición de hablantes nativos, cuál es la dirección del cambio.

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